português Flavio Coddou conversa sobre viagens e a profissão com o fotógrafo italiano radicado em Barcelona, Duccio Malagamba
english Flavio Coddou talks about trips and the profession of architect with the italian photographer Duccio Malagamba, who lives and works in Barcelona
español Flavio Coddou habla sobre viajes y la profesión de arquitecto con el fotógrafo italiano radicado en Barcelona, Duccio Malagamba
IMO Instituto de Microcirugía Ocular, Barcelona, España. Arquitecto Josep Llinàs, 2006-2009
El nombre de Duccio Malagamba es conocido en todo el mundo por la calidad y precisión de su trabajo, y se le identifica como uno de los fotógrafos de arquitectura más rigurosos en su labor. En tiempos en que la fotografía digital ha acelerado la profusión de imágenes y con cámaras cada vez más asequibles en manos de amateurs, las revistas especializadas han producido un cambio cualitativo donde priman las prisas y el trabajo del fotógrafo ha perdido el valor de antaño.
Las fotos de Duccio hacen hincapié en la vieja escuela, el equipo digital es para él tan sólo una nueva herramienta dentro de un método que mantiene su precisión, y su trabajo sigue siendo cuidadosamente preparado hasta conseguir una extensa radiografía de la obra del arquitecto. Duccio es un fotógrafo que suele dedicar entre 2 y 7 días a cada ensayo, dependiendo de las condiciones meteorológicas y de la complejidad del proyecto. Eso le permite estudiar atentamente la luz durante todo el ciclo del día y buscar puntos de vista poco usuales, además de estudiar el protagonismo de los usuarios en el interior de los edificios.
Teatro 'El Musical', Valencia, España. Arquitecto Eduardo de Miguel, 2002-2004
En ese sentido, defiende el concepto de "ensayo fotográfico", que es el resultado de la dedicación de días enteros a un único edificio. La noción de ensayo también se aplica a su especial laboriosidad a unos determinados arquitectos, con los cuales ha trabajado en muchas ocasiones. Álvaro Siza, Herzog & de Meuron y Rafael Moneo son los principales arquitectos para los cuales Duccio trabaja con cuidado y dedicación. Aunque parte de las fotos no sean resultados de encargos específicos, Duccio dedica parte de su tiempo a perseguir la evolución de la carrera de estos arquitectos, por quienes siente auténtica fascinación.
El primer contacto que tuvimos con el trabajo de Duccio Malagamba fue a través de Nelson Kon, fotógrafo de arquitectura de São Paulo (entrevista n.043.02 en Vitruvius), el cual lo había conocido en persona en Porto Alegre para la inauguración de la Fundação Iberê Camargo. Esta entrevista es fruto de conversas frecuentes que tuvimos la oportunidad de hacer en su despacho de Barcelona.
Ampliación del Museo del Prado, Madrid, España. Arquitecto Rafael Moneo, 1996-2007
Estación de Santa Justa en Sevilla. Arquitectos A. Cruz & A.Ortiz, 1987-1991
Flavio Coddou: Como pasa con casi todos los fotógrafos, no te gusta salir en fotos. ¿Cómo fue ese proceso de descubrimiento de la cámara y cambiar de lado para pasar detrás de ella?
Duccio Malagamba: Efectivamente... Como en todas las familias, mi padre hacía fotografías de los hijos, cosa que siempre me ha molestado mucho, así que empecé a interesarme en la cámara para intentar quitársela de las manos. Pero mi verdadero descubrimiento de la fotografía no fue hasta tiempo después, alrededor de los 15 años, cuando el padre de un amigo que tenía un cuarto oscuro comenzó a permitirnos acompañarle. Todavía recuerdo con cierto escalofrío la fascinación que me provocaba la progresiva aparición de la imagen al revelarse. A diferencia de otras cosas, que te impresionan sólo la primera vez, siempre ha sido un momento emocionante para mí. Si ya antes sentía cierta atracción por la cámara, al descubrir la magia del revelado, me volví un adicto a la fotografía: compraba todas las revistas especializadas que podía y las leía de cabo a rabo con entusiasmo compulsivo.
FC: ¿Cómo fue el proceso de formación como arquitecto y la decisión de dedicarte a la fotografía de arquitectura?
DM: Mis padres veían con buenos ojos mi pasión, pero les chocaba la idea de un hijo fotógrafo sin estudios y me empujaban hacia una carrera universitaria. Yo no tenía muy claro qué estudiar, sólo que me gustaba la fotografía. Como en Italia a finales de los años 70’ no había ninguna escuela de fotografía de muy alto nivel, llegamos a considerar una escuela Suiza que gozaba de mucho prestigio. Sin embargo la escuela resultó ser muy cara y la vida en Suiza para un bolsillo italiano era prohibitiva. Así pues, empecé a reconsiderar la idea de una carrera universitaria y pensando en donde matricularme, descubrí –por casualidad– que en la Facultad de Arquitectura de Venecia había una cátedra de fotografía.
Eso fue suficiente para que me fijara en la carrera de arquitectura. Me pareció una opción interesante, pues tenía una faceta artística que no tenían otras opciones. Además siempre me habían interesado las ciudades y los edificios singulares, así que pensé que podía ser una carrera atractiva. Sin embargo, por razones familiares, al final no me matriculé en Venecia sino en Génova y allí no había asignatura de fotografía. De todas formas con el progresar de los estudios me interesé cada vez más por la arquitectura y menos por la fotografía…
Centro Gallego de Arte Contemporáneo en Santiago de Compostela. Arquitecto Álvaro Siza Vieira, 1988-1993
Flavio Coddou: ¿Pero cuando fuiste a Barcelona empezaste a trabajar como fotógrafo?
Duccio Malagamba: Cuando terminé la carrera en diciembre del 86, hubiera tenido que hacer el servicio militar, pero me libré por razones de salud. En Italia no había ninguna salida laboral a la vista y me pareció que ese año regalado era una buena oportunidad para recorrer mundo. Pensaba aprovechar las amistades que había trabado en Siena años antes asistiendo a un curso de verano –dirigido por Giancarlo de Carlo– que reunía estudiantes provenientes de muchos países europeos e incluso EE.UU.
Empecé por Barcelona –en Siena había conocido a Enric Miralles– con muy buen timing porque llegué poco después de que la ciudad hubiera sido nombrada sede de los JJ.OO. Gracias a eso había mucho trabajo y un ambiente cosmopolita, los despachos no contaban con plantillas suficientes para cumplir con todo los encargos que tenían y los arquitectos extranjeros eran bienvenidos.
Después de trabajar para dos estudios pequeños, encontré un puesto en el despacho MBM Martorell-Bohigas-Mackay. Allí me quedé unos años trabajando como arquitecto olvidando la fotografía por completo. Como italiano, me encargaron junto a otra compatriota, la redacción del proyecto para un importante concurso internacional en Siena, en el cual estaban invitados arquitectos de la talla de Siza, Gregotti, Ungers o Eisenmann. A pesar de tener semejantes competidores, conseguimos pasar la segunda fase y finalmente ganar el concurso. Por otra parte en 1991 hubo un bajón fuerte de la actividad y no había mucho trabajo en el estudio: los pocos proyectos que iban llegando se confiaban a otros arquitectos que tenían más experiencia y más antigüedad en el despacho mientras yo quedaba a la espera de que el proyecto de Siena se pusiera en marcha…
Entonces pedí una beca de investigación al C.N.R. (Consejo Nacional de Investigaciones Italianas, algo parecido al CSIC español). Me la concedieron y el tema que escogí fue la arquitectura española contemporánea. Tuve que viajar por España y hacer fotografías de las obras que visitaba para poder documentar el trabajo. En esa época todo funcionaba bastante más despacio que hoy, así que tenía tiempo de trabar amistad con los arquitectos que iba conociendo. Empecé a enseñarles las fotos que tomaba y vi que había cierto interés por mi forma de documentar los proyectos. Antonio Cruz y Antonio Ortiz, en Sevilla, así como Enric Miralles, en Barcelona, comenzaron a pedirme algunos reportajes. Así que, a la espera de retomar mi actividad como arquitecto (algo que no sucedería pues el proyecto de Siena nunca llegó a ponerse en marcha), volví a empuñar la cámara de fotos.
Fui cogiéndole el gusto a la la fotografía de arquitectura, ahora con conocimiento de causa. Antes, en mis viajes, hacía fotografías de ciudades, casas y monumentos pero desde un punto de vista más estético o social. Tras mi carrera y mi experiencia como arquitecto la fotografía se fue convirtiendo en una forma profundizada y pausada de estudiar los edificios. Un verdadero instrumento de conocimiento, de investigación e incluso de crítica…
Reforma Parcial del Ayuntamiento de Manresa, Barcelona, España. Bailo+Rull ADD Arquitectura, 2005-2008
VitraHaus, Weil Am Rhein, Alemania. Arquitectos Herzog & de Meuron, 2006-2009
Flavio Coddou: ¿Cómo es ese proceso de trabajo? ¿Antes de ir a visitar un edificio miras las plantas u otras fotografías?
Duccio Malagamba:Suelo mirar otras fotografías pero lo hago por obligación ya que en muchos casos necesito información previa (cuán grande es la intervención, como es el entorno, cual es su grado de terminación, etc.). También me importa saber si es un tipo de arquitectura que cumple con mis expectativas de calidad. Si no fuera por estos motivos, no sentiría especial necesidad de ver unas fotografías antes.
Lo que sí que me gusta mucho y que intento hacer siempre que puedo es pasearme por el edificio con el autor de la obra o, al menos, con el responsable del proyecto. Como me esfuerzo por trabajar con profesionales de buen nivel siempre es muy interesante escucharles, ver cómo presentan los edificios, memorizar en qué aspectos ponen el acento, de qué detalles no están contentos, qué les ha decepcionado… Ese paseo es muy gratificante y enriquecedor, aunque no suele ser muy largo porque los buenos arquitectos están generalmente muy ocupados.
Tras este primer contacto, empiezo a pasearme yo solo. Antes, cuando tenía menos trabajo, igual estaba un día entero dando vueltas sin tomar una sola fotografía, pero ahora con la presión de los encargos y con la fotografía digital ese tiempo se ha reducido. Aún así, no soy una persona que llega y empieza a disparar: siempre me tomo mi tiempo. Incluso me alegro si el primer día la luz es mala, porque así no hay la preocupación de estar desperdiciando unas condiciones favorables que igual no van a repetirse en los días sucesivos. Tengo bastantes colegas que en un día o día y medio hacen un reportaje, pero eso es algo que no puedo emular; no me resulta posible, ni agradecido, ni interesante y por tanto no lo hago excepto casos muy excepcionales.
Escuela Superior de Educación, Setúbal, Portugal. Arquitecto Álvaro Siza Vieira, 1986-1994
FC: El trabajo de acompañar la trayectoria de un arquitecto a través de sus obras y la relación estrecha que existe con autores como Siza o Moneo te permite hacer ensayos muy amplios de sus edificios. ¿El resultado de la expresión de las fotos es el conocimiento profundo del discurso del arquitecto o ya es una interpretación particular del fotógrafo?
DM: Ambas cosas. Cuando trabajas en colaboración con alguien esperas que esté contento con tu trabajo, especialmente si es alguien a quien respetas y admiras. Desde luego, hay un intento por mi parte de hacer las cosas teniendo en cuenta sus gustos, preferencias e intereses. A pesar de eso, el trabajo lo hago yo, no hay nadie que esté a mi lado y que me diga lo que tengo o no tengo que hacer: cada imagen está tomada con un amplio margen de discrecionalidad por mi parte.
St. Jakob Turm y Showroom de Mercedes Benz, Basilea, Suiza. Arquitectos Herzog & de Meuron, 2005-2008
Para poner un ejemplo banal: si estás haciendo un reportaje y te fijas en un detalle del edificio que ya existía parecido o incluso más logrado en otra obra anterior no vas a dedicar mucho esfuerzo para retratarlo. Sin embargo si piensas que lo que estás viendo es una evolución perfeccionada de esa misma solución, sí le dedicas atención. Eso es sólo posible cuando conoces muy bien la trayectoria de un arquitecto.
Ampliación del Museo del Prado, Madrid, España. Arquitecto Rafael Moneo, 1996-2007
Instituto de Educación Secundaria, Rafal, Alicante, España, Grupo ARANEA, 2003-2009
Flavio Coddou: ¿Cuál es la principal diferencia al hacer un ensayo sobre el edificio de un joven arquitecto que acabas de descubrir? ¿Sientes que esa “interpretación” es más fresca y libre, o por el contrario, tienes la sensación de correr el riesgo de ser más superficial porque no conoces bien su obra?
Duccio Malagamba: Si es un joven arquitecto probablemente no tenga mucha obra por conocer… Seguramente en cambio sí tendrá mucho entusiasmo, ambición y ganas de expresarse. Es un cocktail explosivo y es fácil que se deslice alguna ingenuidad en su trabajo o se vislumbre una inspiración demasiado literal en sus maestros... Así que si en una obra detecto soluciones de escaso interés o poco originales intento minimizarlas, fijándome en cambio en los que en mi opinión son los aspectos más frescos, más sólidos y valiosos. Está claro que mi manera de retratar un proyecto es una forma de hacer crítica de arquitectura, aunque en general se trate de una critica positiva. No me cabe duda de que actuando así estoy asumiendo riesgos y que por lo tanto me puedo equivocar. De hecho supongo que es fácil pecar de presunción...
FC: De las generaciones más jóvenes, ¿cuáles son los arquitectos con las obras más interesantes del punto de vista del fotógrafo?
DM: Francamente para ser buen arquitecto creo que es imprescindible tener mucha experiencia y cierta madurez, así que me resulta muy difícil pensar en alguien que tenga menos de 50 años. Buscando a los mas “jóvenes” entre mis preferidos, se me ocurren Enric Miralles/Benedetta Tagliabue, Carme Pinós, David Chipperfield o SANAA...
Remodelación e Iluminación de la Plaza del Torico y de los Aljibes bajo la misma, Teruel, España. b720 Arquitectos, 2006-2007
Fundação Iberê Camargo, Porto Alegre, Brasil. Arquitecto Álvaro Siza, 2000-2008
Flavio Coddou: El hecho de trabajar con Álvaro Siza te dio la oportunidad de fotografiar la Fundação Iberê Camargo en Porto Alegre. ¿Eso fue una invitación para muchos fotógrafos al finalizar la obra?
Duccio Malagamba: Siza tiene una forma peculiar de gestionar la fotografía. De hecho, no la gestiona. Hay muchos estudios hoy en día que se preocupan muchísimo de la imagen que circula de sus obras. Siza, en cambio, maneja en ese sentido su estudio como si estuviera en el siglo pasado. A él le preocupa que sus edificios se construyan, que salgan bien, pero la difusión de su trabajo le preocupa más bien poco. También es verdad que tampoco necesita darse a conocer … Sea como sea, a estas alturas no le preocupa quien hace fotografías de sus edificios ni qué pasa con las fotos.
Fundação Iberê Camargo, Porto Alegre, Brasil. Arquitecto Álvaro Siza, 2000-2008
FC: ¿Cómo fue descubrir a Siza en Puerto Alegre? ¿Se identifica todo su repertorio en esta obra?
DM: Siza, a diferencia de otros arquitectos maduros, consigue mantener una frescura en sus diseños realmente encomiable. Hay otros arquitectos muy válidos y admirables que conforme se acercan a una edad avanzada van reduciendo su capacidad de inventar nuevas cosas. Siempre están profundizando y reelaborando lenguajes o discursos que han desarrollado en años anteriores. Siza, en cambio, está viviendo una segunda juventud. Y la obra en Puerto Alegre es especialmente innovadora, diría incluso rompedora, respecto de muchos trabajos anteriores. Así que no es más de lo mismo, ni mucho menos.
Desde luego la Iberê Camargo ha sido una sorpresa, si bien relativa porque ya se habían visto fotografías de esta obra. Pero aunque yo sea un profesional las fotografías siguen engañándome en relación a la escala, a las proporciones, etc... Por ejemplo, la Fundação me resultó más pequeña de lo que imaginaba… a pesar de no ser nada pequeña. Y respecto a la ubicación, tenía la sensación de que estaría emplazada en lo alto de una colina y en cambio está delante del agua. También me sorprendió la calidad de construcción del proyecto y en este punto hay que mencionar la extraordinaria aportación de José Luiz Canal, un ingeniero de Porto Alegre que también estudió en Barcelona y que fue un gran impulsor de esta operación.
Fundação Iberê Camargo, Porto Alegre, Brasil. Arquitecto Álvaro Siza, 2000-2008
Catedral, Brasília. Arquitecto Oscar Niemeyer, 1958-1960
Flavio Coddou: Ese viaje a Porto Alegre te llevó a visitar Brasilia por primera vez.
Duccio Malagamba: Sí, llevaba muchísimos años queriendo ir a Brasil, siempre decía que no quería morir sin ver Río de Janeiro. Los croquis de Río hechos por Le Corbusier me habían impresionado mucho en mi etapa de estudiante y creo que marcaron mi subconsciente. Era algo que deseaba ver en la realidad: necesitaba conocer de primera mano esa ciudad singular asentada en medio de curiosas montañas, construida con rascacielos y barracas, rodeada por playas fabulosas y poblada por chicas de ensueño... Al haber deseado y esperado tanto esa visita las expectativas eran enormes y como suele pasar en estos casos, acabé algo decepcionado por la realidad. La ciudad es tan inmensa que todos esos episodios orográficos especiales difícilmente se perciben a la vez así que su impacto resulta algo diluido. También me impresionó negativamente la sensación de inseguridad y el permanente estado de alerta que delataban las miradas de la gente que encontraba en la calle...
De todas formas como arquitecto también tenía mucho interés por ir a Brasilia.
FC: Haciendo un paréntesis, en tu época de estudiante, la crítica que se hacía de Brasilia en Italia era muy dura.
DM: En la facultad no nos dedicamos a estudiar Brasilia de forma especial porque, desde un punto de vista italiano, tan enfocado a la conservación del patrimonio histórico, una gran ciudad de nueva fundación representa algo muy exótico. Una capital al estilo de Canberra o Dacca –ciudades que por otra parte sigo sin conocer a día de hoy– se estudia solo superficialmente, como parte del bagaje cultural que cualquier titulado en arquitectura tiene que poseer...
Museu Nacional Honestino Guimarães, Brasília. Arquitecto Oscar Niemeyer, 2009
FC: ¿Qué te impresionó de esa ciudad en el primer momento de tu llegada?
DM: Muchas cosas. Incluso antes de llegar lo primero que me impresionó fue la dirección del hotel: “Sector Hotelero Oeste”! Me pareció alucinante... Me preguntaba: y cuando sales del Sector Hotelero ¿qué te encuentras? ¿El Sector Hospitalario? ¿El Escolar? Un esquema tan poco familiar me daba muchísima curiosidad.
Luego ya en Brasilia me chocó el tamaño de la ciudad. La casi imposibilidad de poder llegar de un sitio a otro con los pies. Algo sorprendente, pero en sentido negativo. No puedes creer que personajes que se cuentan entre los grandes genios del urbanismo no hayan reparado en lo desagradable que llega a ser tener que tardar un cuarto de hora para cruzar una calle... En resumen, me impresionó la monumentalidad de ciertos espacios y edificios pero al mismo tiempo la poca practicidad que tiene eso. Es la gran diferencia entre ver fotografías y vivir una experiencia, con el sol, el calor y sabiendo lo que duelen los pies al ir de un sitio al otro. Es inimaginable, por ejemplo, lo distancia que hay entre la Catedral y la plaza de los Tres Poderes, cuando en teoría son adyacentes.
FC: Tus fotos revelan eso mismo: hay tanto fotografías de arquitectura, de los edificios, como de esos espacios de la nada.
DM: Esto exactamente es lo que he buscado con este primer contacto, superficial por otro lado. Estoy contento con el resultado pero ojalá tuviera la oportunidad de volver y hacer más, quedándome más tiempo. Ya lo he dicho, para mí la fotografía es también una forma de conocer. Yo fui a conocer Brasilia más que a tomar fotografías, pero hacer fotos me ayuda a entender. En este reportaje concretamente se entremezclan dos visiones: por una parte mi “reconocimiento” de los edificios famosos, los que de alguna forma ya conocía; y por la otra el descubrimiento la de los espacios inmensos, de los edificios recién terminados, de los edificios antiguos con arquitecto desconocido… cosas de las que nadie me había hablado antes. Así que, como bien apuntas, intenté hablar de cosas que ya sabía que existían junto con otras que ni imaginaba pudieran existir.
FC: ¿Cómo hiciste para ubicarte en la ciudad e identificar a los proyectos? ¿Con una guía?
DM: De una forma bastante superficial y azarosa pues no quería privarme del gusto de la sorpresa... Fundamentalmente utilicé un mapa turístico que tenía unos iconos que señalaban las obras que por alguna razón se consideraban importantes. Estaba bien hecho y con su ayuda identificaba los ámbitos donde algo interesante pasaba...
Sin embargo he descuidado la zona de las embajadas porque no estaban señalizadas y de todas formas mi tiempo era limitado. Las he descubierto antes de marcharme pero no he hecho fotografías porque siempre había el problema de acceder a ellas. Al ignorar las dificultades que me esperaban allí, me centré en cosas más asequibles.
FC/MC: ¿Si tuvieras la oportunidad de volver a Brasilia hoy, qué crees que cambiarías en tu mirada al hacer nuevas fotos?
DM: Desde luego mi mirada sería muy diferente porque ya no me enfrentaría a un territorio virgen. Lógicamente sería una oportunidad para llenar vacíos como el mencionado de las Embajadas, o el Palacio de la Alvorada o el interior del Ministerio de Exteriores... En resumen, me gustaría visitar muchas cosas que necesitan una programación y planificación anticipadas.
FC: Para terminar, ¿el Duccio Malagamba viajero, que va con una maleta pequeña con cámaras, llega a disfrutar de estos viajes?
DM: Desgraciadamente ya no. Me duele tener que admitirlo pero ya no disfruto. Desde mis comienzos uno de los atractivos que encontraba en la fotografía era la excusa para poder viajar. De hecho antes de entrar en la facultad de arquitectura me pagaba los viajes vendiendo mis fotografías a revistas de turismo. Pero en algún momento de mi vida he perdido la capacidad de saborear mis desplazamientos y no porque ya no me guste viajar, sino porque ahora soy incapaz de recortar el tiempo destinado al motivo principal del viaje. Mi nivel de auto-exigencia ha crecido tanto que no alcanzo a interrumpir mi trabajo para dedicarme a otra cosa. Antes, efectivamente, tenía tiempo de desconectar e ir a bares, restaurantes, hacer visitas al margen del encargo, incluso conocer gente, pero esta capacidad se ha ido reduciendo progresivamente y está ahora en su mínima expresión. Por otro lado, viajo muy poco si no es por trabajo. Durante las vacaciones, por ejemplo, siempre voy al mismo sitio. Lo de Brasil ha sido una excepción feliz porque tenía tantas ganas de ir al país y a Río que destiné una semana para la ciudad. En Río de hecho ni saqué la cámara del hotel para poder olvidarme de mi trabajo y no hice ni una sola fotografía. En cambio el viaje a Brasilia lo enfoqué, como te comentaba, de una forma distinta...
Museu Nacional Honestino Guimarães, Brasília. Arquitecto Oscar Niemeyer, 2009
Duccio Malagamba nace en La Spezia (Italia) en 1960. Tras terminar la carrera de Arquitectura se muda a Barcelona en 1987. Durante algunos años trabaja como arquitecto en el estudio MBM (Martorell-Bohigas-Mackay) donde lidera el equipo ganador del concurso internacional “Un Progetto per Siena”. En 1989 el CNR (Consiglio Nazionale delle Ricerche) le concede una beca para una investigación sobre la arquitectura contemporánea española. A raíz de este trabajo se reactiva su juvenil interés por la fotografía y desde 1991 decide dedicarse profesionalmente a la misma. En los últimos 20 años ha colaborado con importantes arquitectos internacionales y publica regularmente su trabajo en las revistas más prestigiosas a nivel mundial. En este mismo período distintos premios, libros, exposiciones y artículos dedicados a la fotografía de arquitectura han distinguido la calidad de su trabajo. También compagina su actividad como fotógrafo con variadas colaboraciones con el mundo editorial, entre las cuales destaca la dirección técnica de la revista española DiseñoInterior entre 1995 y 1996.